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¿De qué sirven las mejores herramientas si no se sabe cómo usarlas bien? Realmente, de poco o nada.

En los últimos años se ha pronunciado la tendencia de las casas de software de ofrecer servicios de consultoría. Inicialmente se veía que la instalación de tecnología le permitiría a las organizaciones avanzar y mantenerse vigentes. Sin embargo, tras innumerables y costosos proyectos fallidos de diversas implementaciones tecnológicas, las personas han ido comprendiendo que las herramientas (físicas o lógicas) no dejan de ser lo que son, y dependen del uso que se les dé para obtener de ellas su beneficio.

Estos puntos de vista son fruto de mi experiencia primero en la venta de software y ahora enfocado en la consultoría, entonces, como comprenderán, tienen un gran sesgo.

En la medida en que los proveedores de tecnología implementan proyectos, exitosos y fallidos, adquieren una base de conocimiento de gran relevancia. No he estado en general tan de acuerdo con la frase de “mejores prácticas de la industria”… creo más en la experiencia propia, y dudo de la capacidad de alguien para hablar en términos de industria cuando su propia experiencia con las herramientas está sesgando su forma de implementar las soluciones. De manera directa, la implementación o uso de herramientas por parte de cualquiera, le irá imprimiendo un determinado sesgo en uno u otro sentido, pero también genera un conocimiento importante. Este conocimiento permite evitar errores pasados, implementar las herramientas en menores tiempos, recorrer caminos más seguros… en últimas, reducir el riesgo, y por ende los costos de un proyecto.

¿Hasta qué punto el paso de proveedor a consultor ha sido consciente? Los clientes, en aras de reducir los costos, fruto de riesgos inconscientes, nos han ido solicitando a los proveedores que compartamos las experiencias para ayudarles a implementar las herramientas en menor tiempo y con menos contratiempos. Los proveedores, interesados en desarrollar nuestro negocio, deseamos aprovechar las inversiones de tiempo y adquisición de conocimiento para hacer más productivos nuestros diversos activos.

Las dos caras de las monedas se han ido juntando a medida que ha pasado el tiempo haciendo que ya hoy en día la venta de software se haya bifurcado. Por un lado se tiene el software masificado o aunque no me guste mucho el anglicismo “comoditizado”, cuya adquisición e instalación no difiere mucho de la compra o venta de gaseosa y torta, dónde no hay márgenes, y en donde los clientes no tienen diferencial alguno. Por otro, el software especializado, en donde el valor en la implementación depende tanto de las capacidades propias de la herramienta como de las capacidades del equipo de consultoría que apoya la implementación para lograr que dichas capacidades sean explotadas.

Es la combinación de capacidades con experiencia la que genera el éxito y logra la obtención del tan ofrecido Retorno Sobre Inversión (ROI). Los proveedores de tecnología hemos podido hacer un mejor uso de nuestro conocimiento, de nuestras experiencias, del desarrollo de nuestro recurso humano para poderle brindar un mejor servicio a nuestros clientes. Nuestros clientes han podido tener proyectos más controlados y exitosos tanto en términos de dinero como en términos de tiempo. Realmente la incursión de los proveedores de software al mundo de la consultoría ha sido sin lugar a dudas ha sido un paso natural y beneficioso para las dos partes.
Es hora de poder tener la tranquilidad que no solo es cuestión de contar con las capacidades de las herramientas, sino de contar también con el apoyo y conocimiento que se requiere para poderlas explotar de la manera apropiada, en los tiempos y presupuestos esperados.

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